La Oreja de Basquiat

La Oreja de Basquiat

29 de abril del 2001

Variaciones en el ambiente ocre semejante a la tierra ya no tiene secretos el medicamento.
Ha cesado la variación, lo siente el intelecto que descansa, no de la gripe, si del bombardeo del allegro giusto poco antes de llegar al poco adagio.
Soy parte de la cadenza refulgente que crepita dentro del horno hasta el último estertor. No quisiera especular, ni entendido en la temática soy, a no ser de la cotidianidad que oferta conocimiento; al fin y al cabo es una molestosa y simplona gripe sin llegar a ser aquella infección de la vía alta del árbol respiratorio, tal cual me lo había dicho el boticario impertinente.
Hay que trabajar y eso es lo que importa. Cuenta la impronta que debo impregnar en el pautado, hacer mía a la partita ambulatoria.

Síntesis

• 75 páginas
• Novela.

© 2001, Obra Inédita.

A una colección se la construye con sangre

Arutunian hurgaba en su bitácora una y otra vez en tanto yo esperaba turno en la estancia de su casa atendido por una velada impronta que la última clase de piano solía dejar como estela en el ambiente. A la contemplación seguía la inquisición interna, lúdica como solitario, en la que departía mi tiempo vacío. Cadenas de analogías se sucedían liadas a cualquier catacrésica palabra que insinuaba alguna pieza de mobiliario. Entre éstas y aquéllas me empezaba a impacientar en aumento hasta que la figura acústica de la pisada coja del viejo lo anunciaba cerca de mí.
Esta serie la llegué, con el paso del tiempo, a odiar con profunda pasión. Lo que seguía iba a cuenta de cronograma y agenda.
Cada vez que señalaba la sincopada pisada del armenio su aparición cercana a mí, yo empezaba a imaginármelo con bastón en la diestra y su bitácora en la siniestra, mas era simple convención imaginativa que, creo, deseaba corroborar con mi sentido visual. Al viejo nunca lo vi cargando la bitácora maldita y, a dado bastón, cargando al viejo.
Creo que deseaba un personaje más allá del propio Arutunian. Un armenio más en Ecuador.

One more time

La celebración de la danza libre escudriñaba reiteradamente en todas las esquinas de King's Road, fumándose un cigarrillo sin filtro una y otra tras otra vez. Los sonidos del nuevo punk, los del daft, con sus típicos timbres procesados por algoritmos electroacústicos parodiaban la urbe victoriana tardía, pero asimilaban, con justeza británica, con el entorno opacamente brillante de lluvia pasada, de garúa alrededor. Cada momento que me separaba del oficio para velar me encontraba con otra percepción y le daba espacio para que excite a mis sentidos. Escuchaba las cadencias transeúntes, las pisadas prontas una y otra tras otra vez.
Iba y volvía en aquellas caminatas de los otros, en tanto partían del punto, en tanto retornaban al punto. Barría el campo visual e imaginaba las identidades de cada caminante en quién me enfocaba. Asumía sus rítmicas y registraba la dipodia individual. Lo hacía como ejercicio de nada, de vacío void; azul Klein sin saltar hacia él —:el vacío—.

Fueron muchos los momentos en que velé: diecinueve momentos en dieciocho diferentes días
; en uno, el último
, repetí.

La Oreja de Basquiat

Una mezcla racial y cultural; un atado de impresiones confundidas en egos y alteregos críticos concebidos en graffitis neoyorquinos y devueltos en pedazos de tela preparada; en un gran lienzo prestado como soporte del engaño cultivado, desde mucho antes de la fecha de aquella coyuntura, en una bodega de casa media de la república de Ecuador. Obra auténticamente basquiatiana porque así estaba escrita en la mentira que era mi verdad.
La letra expresada era el testigo visual de la verdad de la forma, era una verdad lógicamente lingüística y significante. Si dice, afirma porque está, porque es; porque es una cosa: re en latín, y con función social de ser pública: publica en latín. La re-pública constituida, jurada y sacramentada. La república Basquiat nunca anárquica, siempre sinárquica y rosacruciana. La república de estado monocráticamente electo con Warhol como el honorario presidente y sedente del ecúmeno trono de propiedad perenne de la sinarquía basquiatiana.
Qué fácil que me resultó la zurcida de la trama y la reproducida hiperrealista de la Oreja sobre la tela, parte de la zurcida trama. La expresión visual, con permeabilidad, absorbió la yuxtaposición de la semántica basquiatiana precisa para la identidad de autor que propendía una convenida imagen en la crítica mafiosa que, de antemano, estaba lista para receptar un verdadero Basquiat.



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