Relatos Mínimos

—Aló, hablo con la central de riesgo? ...? aló, alguien me escucha por favor, acaso hablo con la central de riesgo?...! aló, si alguien me escucha por favor, acaso estoy hablando con la central de riesgo!?... aló, si alguien me escucha por favor, acaso me puede informar si estoy hablando con la central de riesgo!?...!? aló, si alguien me escucha por favor, acaso me puede informar si en verdad estoy hablando con la central de riesgo!?...!? por favor...!? aló...? Aló!, aló!...? parece que colgaron!!

Síntesis

• 72 páginas
• 52 Relatos en prosa.

© 2004, Obra Inédita.

Las tres donas

A las tres niñas las bautizaron, respectivamente, con el nombre de Penélope, a la mayor, Aurora, a la intermedia y Prudencia, a la menor. Penélope se formó como azafata para una línea aérea de Bajo-Costo y de cobertura nacional, con reducida ruta de vuelos internos y sin posibilidades de ampliación en todo el país brasileño; Aurora estudió leyes en la Universidad del Perpetuo Socorro, universidad fundada y ubicada en la localidad de Santa Clara de Agua Bendita, ciudad levantada en la mitad de una provincia del interior de uno de los países que integra el bolivariano Pacto Andino; y Prudencia se hizo puta.
Penélope voló alto, Aurora legisló con altura y Prudencia se hizo puta.
Penélope tocó el cielo, Aurora rozó la verdad y Prudencia se hizo puta.
Penélope aterrizó a tiempo, Aurora sentenció su camino y Prudencia se hizo puta.
Las tres donas no nacieron de la misma madre, ni en el mismo país, ni en el mismo día, hora, ni año; simplemente las bautizaron, respectivamente, con el nombre de Penélope, a la mayor, Aurora, a la intermedia y Prudencia, a la menor
; y esta última, se hizo puta.

AVANT GARDE

—“Some of our best friends are bigots” no debe traducirse jamás, sino el riesgo del chauvinismo rondará en la discusión; punto final. —Recomendó la señorita Petiford a manera de conciliación durante la defensa de la tesis de grado.
— So give me please, 26 good reasons to use Cervantes as an archetype of industrial desease? —reformuló el señor Petiford con suprema serenidad para con el defensor de la tesis de grado.
—Tres: Marriage, Mother and Families —por fin respondió el joven Petiford. —Lo he aprendido con sangre en los escritos del Readers Digest Publication del mes anterior. —¡Maldito infeliz! —gritó el señor Petiford con represada indignación, —¡Maldito infeliz!
— Mother and Child, ¡estúpido! —acotó la señora Petiford —Mother and Child!
—Eso es AVANT GARDE... o no? —negando afirmó la señorita Petiford —AVANT GARDE.
—The next war will determine not what is right, but what is left...so? —al unísono; señora Petiford, señor Petiford y señorita Petiford inquirieron al defensor de la tesis de grado.
—AMERICA IN DISTRESS! —replicó el joven Petiford —AMERICA IN DISTRESS...so?
—SO WHAT! —Gritaron exultantes los cuatro Petiford.

¿¡Por qué apuntas a la izquierda!?

Hacia la izquierda apuntaba la nariz de un mirlo oscuro trazado de perfil y sin escorzo. La representación ingenua de su faz manifestaba un defecto del sujeto y no el exceso del objeto, aunque de frente se podía notar el ojo y la U. A fin de cuentas se lograba intuir la intención del referente, intención de marcada negación simbólica así pareciera una conspiración de sana naturaleza.
Hemos de referir al morbo semiótico más allá de la significación sostenida, a la vez que levitada sobre la forma más allá del significante. El cuadro trazaba el perfil de la lectura en una línea de colmada literalidad. El pico del mirlo se formaba de una unión, para el caso de la exégesis primaria, de dos triángulos rectángulos, o de la división de un isósceles, para el caso de una prelingüística atroz. (De poca duración antes de la semántica) de poca duración la materia significante se habría de revestir por sana yuxtaposición de una significación puntual: mirlo de análisis.
¿Sana naturaleza o morbo semiótico?

El animalito tenía una misión en su corta vida estival. Debía llegar y posar en el momento preciso para la paleta del informalista neo-expresionista Asger Jorn. Asger repartía su ocio por todos los espacios de la mañana estival que le tocaba vivir con reflexión; entonces se la pasaba mezclando en su paleta los tonos que en adición lograban el recio marrón que debía pasar como un oscuro negro para el cuerpo del esperado mirlo; el contraste lo haría notar con la puesta del rojo como fondo sobre la tela tensada y lista para la ocasión.
Cierto día no recordado con exactitud, Asger se había quedado dormido mecido en la hamaca de todos los días y el mirlo había llegado al jardín de la enredadera y las moras de castilla; así nos lo ha contado en las notas de reflexión la amada del artista. El pajarito revoloteó por cuarto de hora y entonces desapareció. Ya despertado Asger se echaría a llorar sin consuelo por la mala suerte tan puntual.
Más allá de la significación, la naturaleza del mirlo quedó suspendida en el formato de la tela; más allá de la significación se resolvió la representación con el esquema que lo hizo singular: a Asger, al mirlo, a la lectura de brújula y escuadra, a la noticia de la desaparición.

¿¡Por qué apuntas a la izquierda!?

Bizarro

Para los dos amantes aquel abrazo significó el sello de su amor atestiguado por la eternidad, cómplice eternidad arropada en un solo abrazo; el de los dos amantes de Lima.
¿Fue bizarro o no?

—¡Lo fue!

La pareja levitó sobre los campos aledaños a la aldea de los padres familiares. Familias amigas desde varias generaciones atrás habían sido los del novio con los de la novia; después de la unión de aquel abrazo, la amistad se fortaleció más. Se había sellado el compromiso de amor con la eternidad de cómplice y testigo, con ella arropada en un solo instante de afecto mayor; el de los dos amantes de Lima.

—¡Así fue!

Juro por mi vida, que está en peligro por el cáncer de la piel que me lastima, que los dos amantes no eran de la misma sangre, contando cinco generaciones anteriores; ¡lo juro! Los dos amantes eran perfectos extraños hasta antes del abrazo, los dos amantes jamás se habían conocido antes del abrazo, los dos amantes transitaban sendas diferentes antes del abrazo. Lo que si puedo asegurar sin la necesidad de jurar, ya que cae por su propio peso de aseveración, es que los dos tenían en sus palmas de las manos trazada la misma coma de ante final: pausa de un respiro para el reconocimiento del destino y luego el punto final: el abrazo.

—¡Se fue!



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